La terraza — Foto 1 juanjocacho.com
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Me llamaste tú. Dos veces. Ahora estoy abajo con el paraguas y el teléfono suena y suena y no coges. Miro tu ventana y la persiana está a medias. Se mueve alguien detrás del cristal. No eres tú. O sí eres tú pero no estás sola. El paraguas no me hace falta, no ha llovido en todo el día, pero lo traje porque dijiste que iba a llover. Siempre te creí esas cosas.

La terraza — Foto 2 juanjocacho.com
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Acaba de salir del gimnasio cuando lee el mensaje. No me puedes hacer esto, le escribe a su amiga, me lo ibas a presentar en la cena, que no me puede ver con estos pelos. Se para en medio de la calle y se mira en la pantalla del móvil como si fuera un espejo. La mochila, la sudadera, ni una gota de rímel. No me puedes hacer esto así, de repente, sin prepararme. La respuesta tarda un segundo. Nunca podrías prepararte. Él ya te conoce.

La terraza — Foto 3 juanjocacho.com
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Está segura de que se la deja a propósito. La chaqueta, siempre la chaqueta, cada martes en el respaldo de la silla de la cocina. No sabe si es una trampa o una invitación, pero da igual, el resultado es el mismo: ella cruzando media ciudad para llevársela al colegio. Hoy hace frío y eso le da la razón. Si es una prueba, hoy no me ha pillado. Llegará tarde al trabajo pero eso ahora no importa, ya no me llama la amiga de papá.

La terraza — Foto 4 juanjocacho.com
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Veinticinco años. La mitad estará calvo y la otra mitad le dará igual. Antes iban juntos a todas partes, gritaban las mismas cosas, se quedaban hasta las cuatro hablando de todo lo que iban a cambiar. Ahora no sabría de qué hablar con ninguno. Va porque dijo que iría. Saluda, se toma una copa, pregunta por los hijos de alguien cuyo nombre no recuerda y en media hora se marcha. Eso es lo que va a hacer. Media hora. Ni un minuto más.

La terraza — Foto 5 juanjocacho.com
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La primera no para de hablar del chico de los vaqueros y de que las han invitado a la fiesta, que son de primero y ya las han invitado, que si habéis visto cómo le quedan. La segunda le dice que se deje de fiestas, que llevan una semana y todavía no tienen piso, que a ver si se centra. Luego se gira hacia la tercera, que no ha dicho nada desde que salieron de clase. Llevas callada toda la tarde, le dice. La tercera se mete las manos en los bolsillos. Lo que os conté que me pasó en verano, dice. Está en nuestra clase.

La terraza — Foto 6 juanjocacho.com
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Les gusta esta ciudad. No hay tanta gente como pensaban y pueden caminar sin mapa y sin plan. Llevan dos helados y no hablan. No hablan desde la iglesia de esta mañana, o quizá desde antes. No es un silencio malo, o eso se dice ella. Es que aquí no hace falta. El problema es que en casa tampoco hablan y allí no hay helados ni calles bonitas.

La terraza — Foto 7 juanjocacho.com
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Él le dice algo al oído y ella se ríe. Cruza un crío corriendo con una pelota y los dos se quedan mirándolo. Así jugaban Lucas y Paula cuando venían a casa, dice ella, o quizá lo piensa y no lo dice. Ya casi no vienen. Llaman por los cumpleaños y a veces ni eso. Él le aprieta el brazo y siguen caminando. Esta noche los llamo, dice ella. Él asiente como asiente siempre, sin decir nada, porque sabe que no los va a llamar y que si los llama no van a coger.

La terraza — Foto 8 juanjocacho.com
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Las otras dos llevan de mal humor desde que salieron de casa pero ella no piensa dejar que se lo peguen. Llevaba días sin salir y cuando dijeron que iban a dar una vuelta dijo que iba con ellas antes de que pudieran decir que no. Se puso la gabardina que tenía colgada en la puerta porque daban agua y cogió las llaves sin mirarse al espejo. Ahora camina un paso por detrás y sonríe. Alguien la mira desde una terraza. Hace mucho que no la miraban.

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